La
música y los bebés
El Efecto Mozart
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Durante
los años ochenta y noventa las revistas científicas de todo el
mundo comenzaron a publicar estudios que demostraban que la música:
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modifica realmente la estructura del cerebro en el desarrollo del
bebé en gestación;
2. que los bebés reconocen y
prefieren la música que oyeron por primera vez en el vientre de
sus madres;
3. que el coeficiente intelectual
aumenta entre los niños que reciben instrucción musical
regularmente;
4. que media hora de música mejora
el funcionamiento del sistema inmunitario en los niños;
5. que la música alivia el estrés,
favorece la interacción social, estimula el desarrollo del
lenguaje y mejora las habilidades motoras de los niños pequeños.
Además
de todo ello es sabido que la música puede reflejar las emociones
de los niños, medio comprendidas y que los ayuda a aprender a
expresar lo que sienten.
¿Puede la música potenciar la inteligencia de tu hijo?
Ciertamente puede aumentar el número de conexiones neuronales en
su cerebro en desarrollo, estimulando por lo tanto sus habilidades
verbales. Puede enseñar buenos hábitos de estudio, y ayudarle en
la comprensión de las matemáticas.
La música habla unlenguaje que los niños entienden
instintivamente. Por todo ello la música es fundamental para
enriquecer el desarrollo de nuestros hijos.
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¿Por qué Mozart?
¿Por
qué la música de Mozart funciona mejor que la de otros
compositores? Estudios probaron que su música posee propiedades
únicas. En las últimas décadas se han realizado muchísimos
estudios sobre los efectos de la música. Los resultados de los
estudios con música de Mozart han sido especialmente
sorprendentes y han dado origen a la expresión “Efecto
Mozart”.
Está
claro que los ritmos, melodías y altas frecuencias de la música
de Mozart estimulan y recargan las regiones creativas y
motivadoras del cerebro. Lo esencial en la grandeza de Mozart es
que todos sus sonidos son puros y simples. Mozart no teje un
deslumbrante tapiz como el gran genio matemático Bach; no levanta
oleadas de emociones como el atormentado Beethoven. Sin embargo,
su música es a la vez profundamente misteriosa y accesible y, por
encima de todo, no contiene astucia. Es ingeniosa y simple a la
vez. Por todo ello tiene un efecto positivo en los bebés ya que
los relaja a la vez que los mantiene atentos siendo éste el mejor
estado para aprender.
Lic. Carolina Micha
Psicóloga especialista en desarrollo y estimulación
MN: 27.874
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¿Cómo
aprenden los bebés?
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Desde
el primer día tu bebé nace en un mundo socializado, del cual
depende absolutamente. Necesita de tu presencia, la de su papá y
seres queridos para crecer y aprender. Tu amor cotidiano, el
reconocimiento, y estimulación que le brindas, son fundamentales
para su desarrollo pleno y fundan los cimientos de una
personalidad integra, base para el futuro desempeño de tu bebé.
Cuando
jugas con tu bebé no solo compartís con él un momento de
diversión, sino que le estas proporcionando enseñanzas sobre su
entorno y sobre si mismo.
Jugar
para él es aprender. Aprender sobre las formas, texturas de los
objetos, sobre como funcionan las cosas, a resolver problemas cada
vez más complejos. Por ejemplo, al tirar una pelota se da cuenta
que rebota, rueda, suena, descubriendo así el concepto de
causa-efecto. Es así que por medio del juego, le proporcionas las
bases de sus estructuras de aprendizaje e inteligencia. Los juegos
le ayudan además a conocerse, a comprender mejor sus
sentimientos, sus posibilidades y sus miedos, ya que aun no cuenta
con un lenguaje fluido para expresarse.
Los
bebés para aprender necesitan “vivir” cada experiencia con
todos sus sentidos, probarla, repetirla una y mil veces, para
familiarizarse con ella y dar un paso más a un nuevo aprendizaje.
Pero
de quien más aprenden en su primer año, es de su mamá y su papá,
su principal referente, su mejor juguete. Al compartir momentos de
juego con tu bebé, le transmitís seguridad, fundamental para que
adquiera confianza en si mismo. Casi sin que te des cuenta, el te
observa y mucho de lo que aprende es por imitación. ¿Cuantas
veces te emocionaste al encontrar en él, los gestos tuyos?
Tu
hijo se desarrolla a un ritmo increíble. Pero cada logro, cada
nueva etapa que alcanza están en intima relación con todo lo que
le brindas a diario en cada detalle, cuidando que se sienta amado
y felíz.
Lic. Carolina Micha
Psicóloga especialista en desarrollo y estimulación
MN: 27.874
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La
televisión y la estimulación...
¿ enemigas o aliadas ?
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Hoy
en día la televisión forma parte de la vida cotidiana de todo
hogar y resulta muy difícil evitarla.
¿Lamentablemente o por suerte? Uno de los grandes temores de
los padres es exponer a su pequeño a la pantalla chica y “mal
acostumbrarlo” a un hábito que poco le aporta y lo ubica en
una actitud pasiva y receptiva únicamente.
La televisión puede producir estos resultados, si el pequeño
pasa muchas horas frente a ella, pero también puede ser una
excelente herramienta de estimulación. Para ello es fundamental
el rol activo de los padres, que como filtro tienen la
responsabilidad de seleccionar que ponen frente a los ojos de
sus hijos, y cuanto tiempo. Existen programas y videos que además
de entretener a los más chiquitos, les enseñan conceptos y
promueven la interacción entre lo que sugiere la pantalla, que
pasa a ser un pizarrón interactivo, el adulto y el bebé. De
esta manera, el bebé, junto a sus padres, puede ir aprendiendo
conceptos acordes a su edad. Con muchos colores, movimiento, títeres
y música el bebé se introduce en una escena familiar, acorde a
su edad, sin imágenes agresivas.
Si bien la estimulación es visual y auditiva, se puede utilizar
como disparadora de sus otros sentidos ofreciéndole al bebe los
objetos vistos en la pantalla para que los toque, los huela o
los chupe, convirtiéndose en actividades enriquecedoras. Por lo
general la música es protagonista en estas escenas. La música
es un elemento fundamental en el aprendizaje ya que estructura
la forma de pensar. Dentro de ciertos patrones de cierta manera
rígidos que actúan como límite necesario, promueve la libre
expresión de las emociones y potencia la memoria, imaginación
y el desarrollo de habilidades motrices. Como en la vida, donde
existen límites dentro de los cuales se puede crear y
expresarse. Está probado que es mucho más fácil incorporar
conocimientos y recordarlos si se los relaciona con cierta melodía.
La televisión por ello puede ser una herramienta más dentro de
las tantas para estimular a tu bebé. Lo importante es entonces
seleccionar con que estimulamos o entretenemos a nuestros bebés
y para ello el rol activo de los padres es fundamental, que
deben acompañar a su hijo en toda experiencia de aprendizaje y
juego.
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Las
dificultades a la hora de poner los límites
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La
mayoría de los momentos que pasamos con nuestros hijos nos llenan
de alegría y felicidad. Cada juego, cada palabra, cada mimo, cada
beso. Sin embargo, hay otros en que nos cuesta poder señalarles
que algo que hizo o que hace “está mal,” y que él nos
comprenda y nos obedezca.
Es
importante saber que al ponerle límites a tu hijo lo ayudas a que
él aprenda a tener control sobre sí mismo, le enseñas a
respetarse a sí mismo y a los demás. Los niños aprenden el
mundo explorando los objetos y a los demás. Aprenden de la causa
y el efecto que él o los demás producen sobre las cosas. Por eso
cuando hace algo “mal “ aprende de las consecuencias, lo que
pasa después.
Los
límites se ponen desde el amor y no desde el enojo ni la bronca,
es importante que sean claros, firmes y consistentes. Es muy útil
poder brindarle explicaciones del porque (“no pegues. A mami le
duele”).
Muchas
veces se cree que explicándole el chico no va a comprender porque
todavía es muy chiquito, pero no debemos confundirnos, los chicos
entienden todo lo que se les dice, siempre que el mensaje sea
claro y en términos que él comprenda.
Saben que es lo que está bien y que no y manejan las situaciones
ignorándonos o haciendo de cuenta que no entienden lo que se les
está diciendo.
Es
importante que tengas en cuenta que muchas veces cuando retamos a
nuestros hijos ellos sienten cierta angustia de abandono o
fantasean con que sus padres ya no los quieren, es por eso que el
objetivo es guiar a tu hijo y poner límites para que se sienta
apoyado y amado, no juzgado ni rechazado.
Para
evitar constantemente el “no“podemos utilizar ciertas
estrategias que nos van a ayudar, por ejemplo, distraerlo con otro
juguete u otra actividad, darle alternativas “con esto no podes
jugar por tal motivo, pero con esto si”.
Muy
frecuentemente se pueden prevenir determinadas situaciones que
sabemos que están mal antes de que empiecen. La anticipación es
siempre útil y alivia el estrés tanto de los padres como de los
hijos. Como por ejemplo llevarlo a lugares que son peligrosos y a
los que sabemos que no se van a poder acercar, darle objetos que
enseguida se los vamos a sacar, etc.
Felicitarlo y premiarlo por un comportamiento deseado va a ayudar
mucho a tu hijo a aprender lo que esperas de él.
Por
último es muy importante que los padres sepan reconocer y
enfrentar su propio enojo en momentos difíciles con sus hijos. No
es necesario simular estar bien cuando estás realmente enojada.
Cuando sentís que tu enojo aumenta, lo ideal es que puedas hablar
de tus sentimientos con tus hijos. La palabra y a través de ella,
la comprensión, son las únicas aliadas a la hora de señalarle
el correcto camino a nuestros hijos.
Lic.
Erica Judith Vitas
Psicóloga especialista en niños
M.N. 27.515
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LA
MADURACIÓN NEUROLÓGICA
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La
gran diferencia entre los seres humanos y los demás seres es el
desarrollo de su sistema nervioso, aquella maravillosa posibilidad
de pensar, crear y aprender. Igual que para el desarrollo físico
de una persona adulta, los bebés necesitan una alimentación
adecuada para el crecimiento de su sistema nervioso. El aumento de
las dimensiones del sistema nervioso va acompañado por un aumento
de sus funciones, al principio reflejas y luego voluntarias,
integradas y más complejas. A esta evolución se la llama
desarrollo neurológico psicomotor y va a ser observada por el médico
en todos los controles. A continuación se detallan algunos pequeños
avances que van logrando los bebés gracias al crecimiento de su
sistema nervioso.
A
continuación se detallan algunos pequeños avances que van
logrando los bebés gracias al crecimiento de su sistema nervioso.
Desarrollo
Psicomotor
Nacimiento
/ mes 1: El bebé succiona. Cierra los ojos ante una luz
intensa. Parpadea ante un ruido fuerte. Mira la luz y la cara de
la mamá. Cierra los dedos de la mano cuando se hace presión
sobre la palma. Vocaliza sin llorar ("¡Ajó!"). Ya
levanta la cabeza del plano de la cama.
Mes 2: Sonríe y chilla espontáneamente. Rueda en la cama.
Mes 3: Sigue con la mirada. Puede juntar las manos y
sostener la cabeza. Se apoya en los antebrazos. Sostiene el
sonajero.
Mes 4: Mira quién pasa. Trata de alcanzar objetos. Si se
lo pone de pie, sostiene su peso.
Mes 5: Toma un juguete y se resiste a que se lo saquen.
Sostiene la cabeza cuando se lo sienta y la gira si una voz le
habla.
Mes 6: Juega a las escondidas, busca objetos y los cambia
de manos. Ya se sienta sin apoyo.
Mes 7: Recoge cosas poniendo la mano en forma de rastrillo.
Empieza a agarrar cosas con el pulgar y el índice. Ya puede
sentarse solo y pararse con apoyo. Vocaliza "papá" y
"mamá", pero sin referirse a ellos. Es tímido con
extraños. Con familiares juega a imitar movimientos de las manos.
Mes 8: Golpea los juguetes, comienza a caminar agarrado a
los muebles.
Mes 9: Hace la pinza pulgar-índice para agarrar cosas.
Mes 10: Tira la pelota. Indica lo que quiere sin llorar y
toma en taza. Dice "papá" y "mamá" y sabe
quién es quién. Se para momentáneamente sin apoyo.
Mes 11: Se agacha y se levanta. Dice tres o cuatro
palabras.
Mes
12: Comienza a garabatear y a caminar solo.
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En
una sociedad en la cual "ser exitoso" suele ser sinónimo
de una abultada cuenta bancaria, donde 'llegar" importa más
que aprender en el andar, y producir sin “perder el tiempo"
más que reflexionar, pareciera quedar poco espacio para
desarrollar un valor tan esencial como el perdón. “Este
valor vinculado con la generosidad y la solidaridad implica la
posibilidad de relacionarse sanamente con otras personas” -sostiene
Andrea Saporiti, licenciada en Psicología y terapeuta de
familia-. “La capacidad de pedir perdón implica
reconocer el error con la consiguiente posibilidad de aprender y
reparar”. Por eso, dentro de los valores que los adultos
anhelan transmitir, el perdón tiene tanta importancia como los
demás.
La escuela del ejemplo
De padres que saben pedir perdón,
hijos capaces de aprenderlo y practicarlo. “Es fundamental
que los papás sean capaces de pedir perdón y de reconocer sus
errores. Es una manera de demostrar a los chicos que, sí
bien los padres siempre buscan actuar correctamente y darles lo
mejor, ellos también pueden equivocarse, aprender de los
errores y repararlos. “Habilitan así a los chicos a actuar
con libertad, sin miedos y sin la presión de tener que hacerlo
todo bien” -asegura la especialista-. “Enseñarles
desde pequeños el valor del perdón es crear la posibilidad del
cambio, es mostrarles que es posible volver a empezar. Esto no
significa que en un primer momento no cueste aceptar un gran
dolor, pero hay que aprender a crecer en el dolor. El perdón da
esa enorme oportunidad'.
El
orgullo en cuestión
Rocío,
de 5 años, le tiró del pelo a su hermanito porque él no quiso
jugar con ella. En vano su mamá le sugirió, primero, y le ordenó
después, que le pidiera perdón. “Ni pienso”, fue la
lacónica respuesta de la nena, quien se mantuvo firme en su
negativa, aun después de que su mamá le dijo que si no lo hacía
tendría que irse a dormir sin postre. Ella prefirió la
penitencia antes que reconocer que había actuado mal.
“El orgullo lleva de alguna manera al aislamiento
interior, generando distancia afectiva por la falta cometida y la
incapacidad de reconocimiento -explica la licenciada-. Cuesta pedir perdón cuando
no se es capaz de reconocer la equivocación, es aquí donde los
padres tienen que intervenir, más que con una penitencia,
ayudando a que el niño comprenda y pueda ponerse en el lugar del
otro. Es importante ayudar a los chicos a poner en palabras los
sentimientos”.
A la mañana siguiente, con los
ánimos calmados y cuando Rocío estuvo abierta a escuchar, la mamá
le dijo “¿Cómo te sentí- rías vos si yo te tirara del
pelo cuando vos no tenés ganas de hacer algo conmigo?. “Me
dolería mucho y me sentiría muy mal', dijo Rocío. Entonces,
ella solita se acercó a su hermano, le dio un beso y le pidió
perdón.
Cuando
me conviene
Pablito dijo una mala palabra
en la mesa, se tapó la boca como diciendo “¡Huy, se me
escapó!”, pidió perdón y el almuerzo si- guió
normalmente. Al día siguiente, repitió la acción convencido de
que sus papás actuarían igual. Pero esta vez recibió un enérgico
reto. Él, sorprendido y hasta ofendido, se quejó: “¡Pero
si ya pedí perdón!”. Es que en ocasiones, los chicos
adoptan el perdón como una acción mecánica, como un truco para
“zafar”: “Total, pido perdón y listo”.
“Cuando
el perdón es utilizado como una muletilla, es porque no se tiene
claro el valor del mismo”
–dice Saporiti-. “Hay que tener en cuenta que los niños
pequeños se encuentran en una etapa del desarrollo en la cual el
pensamiento con el que se manejan a nivel cognitivo es el
pensamiento concreto, por lo tanto necesitan que los mensajes sean
claros y concretos. De nada sirve un discurso de mil palabras. Si
pedir perdón no va acompañado de un acto concreto de
reconocimiento del error o de arrepentimiento, pierde
consistencia, sobre todo en la infancia”.
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LA
SOLIDARIDAD EMPIEZA POR CASA
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Todos tenemos nuestros conceptos acerca de lo que es bueno o
lo que es malo. Nadie es neutral al respecto. Nos manejamos con
normas, objetivos, intereses y prioridades que definen
nuestras conductas. Y aunque la noción de lo que es
"correcto" o "incorrecto" pueda variar según
la cultura, familia o individuo, sin esos valores no es posible la
convivencia. Como padres somos formadores, y lo primero que
aprenderán nuestros hijos serán nuestros propios valores, los de
la familia que constituimos. Sobre esa base, con el tiempo,
recibirán las influencias de los cambiantes valores
socioculturales, tan acusados hoy en día de dar prioridad a lo
material sobre lo ético y lo moral.
Somos
modelos...
Inclusive los padres primerizos que se sienten en un
tembladeral, tratando de adaptarse y aprender su nueva tarea, serán
para sus hijos modelos de conducta, sólidos ejemplos para imitar.
Porque el hogar y la familia son la primera escuela donde nuestros
pequeños estarán inmersos, empapados de los valores que les
sepamos transmitir. Pero como educar es una relación de doble
sentido, en contacto con nuestros hijos tendremos también la
oportunidad de aprender sobre valores y prioridades y transformar
conceptos previos, en general, para bien.
...pero,
¿somos coherentes?
Sería conveniente entonces pensar aquello que consideramos
fundamental transmitir, recordando de paso que no es posible educar en aquellos valores que uno mismo no tiene.
"Hay que compartir los juguetes con los amiguitos" enseñan
ciertos padres mientras le mezquinan una herramienta a su vecino. "Date
el libro a tu primito. Es sólo por un rato", explican
otros que no ceden ni por quince minutos su asiento en el
colectivo a quien lo necesita más que ellos. "¿Por qué
no ayudás a tu mamá?" indican algunos, echados en el
sillón y leyendo el diario mientras sus esposas lidian solas con
las tareas hogareñas. La coherencia entre lo que decirnos y lo
que hacemos es fundamental. los valores se transmiten a través
del ejemplo, y a través de mensajes claros.
Autoritarios
o permisivos
Los padres autoritarios, dogmáticos, formales, o
aquellos a los que se les escapan a menudo frases como éstas: "Tenés
que hacerlo porque yo lo digo", "Es la única manera, no
hay otra", "No se discute, ¡se hace y listo!" lograrán
que sus hijos los obedezcan. Pero es muy probable que en el futuro
no acostumbren a pensar por sí mismos, rechacen los valores
transmitidos por imposición. 0, aunque parezcan haberlos
aceptado, vivan una doble moral.
Los padres permisivos o los que dicen con regularidad frases
como: "Si no querés colaborar, no colabores",
"Dejálo que haga lo que quiera, todavía es chico", tendrán
posibilidades de formar hijos autónomos, pero sin mucho contacto
con conceptos como la solidaridad, la responsabilidad o el
respeto.
Comunicación
Afectiva
Nuestros valores tienen más posibilidades de ser aceptados
si nos proponemos una transmisión democrática, con contenidos
claros. Y si nuestra intención es la mejor, somos coherentes con
lo que decimos, estamos disponibles para refrendarlo y la
comunicación se efectúa en un clima afectivo. De ese modo tal
vez no tengamos hijos perfectos, pero tendrán bastantes chances
de ser más felices, conscientes y probablemente, más solidarios.
Si los ponemos en contacto con sus propias
experiencias y sentimientos y les despertamos una noción de
responsabilidad personal, cuando actúen de modo positivo crecerá
su seguridad y autoestima.
Suele ser bastante efectivo el viejo recurso de colocar a
nuestros hijos en el lugar del otro; "Si necesitaras
ayuda, ¿te gustaría que te la dieran?" "¿Qué sentís
cuando alguien come algo rico delante tuyo y no te convida?".
También es oportuno comentar las situaciones que se
presentan, explicándoles nuestro parecer al respecto. Esto es válido
no sólo para los hechos cotidianos, o extraordinarios, sino también
cuando compartimos lecturas o programas de televisión cuya
influencia en nuestros hijos consideremos interesante, negativa o
compleja.
En nuestro planeta globalizado, todos estamos relacionados, y
de algún modo, somos interdependientes. Es imposible no enterarse
o conmoverse con guerras o desastres que ocurren en el otro lado
del mundo. los medios de comunicación nos los acercan crudamente
a cada hogar. A esta altura de la historia, parece ser más
notorio que la supervivencia y la preocupación por el otro son la
preocupación y la supervivencia de todos. la solidaridad no sólo
consiste en colaborar de manera desinteresada. También es una
forma de sentirse íntegros y cuidar un presente y un futuro común.
Empecemos
por casa...
La solidaridad bien entendida, comienza por casa. Si nuestros
hijos reciben amiguitos de visita, propiciando que compartan
juguetes y premianto el gesto. O teniendo a mano juegos que
requieran varios participantes. En lo cotidiano, para los
pequeñitos egocéntricos que no saben de límites ni de
compartir, ayudar jugando puede ser un buen comienzo para
aprender a ser solidario. Estos trabajitos les irán danto
responsabilidad y confianza. Con el tiempo, podrán aplicar sus
experiencias en nuevos ámbitos. "¿Colaborarías conmigo
guardando tus juguetes en la caja?", "¿Podrías
ayudarme pasando un trapo en la mesa?". Aún en las
etapas de rebeldía, nuestros hijos pueden aceptar hacerce cargo
de realizar alguna tarea, cuyo éxito reconoceremos calurosamente.
Aunque luego, cuando no miren, debamos rehacerla de punta a punta,
con la paciencia, la perseverancia y el convencimiento de que
enseañarles a ser solidarios desde pequeños vale la pena.
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Fuente:
Suplemento "El ABC de los chicos" -
Revista "La Valijita" - Edición Nº 5 |
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¿Qué
toman los niños cuando tienen sed?
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La
respuesta en la gran mayoría de los casos preocupa: no
toman agua pura.
¿Qué le ofrecemos a los niños cuando tienen sed?
En
el mercado existe una inmensa variedad de bebidas elaboradas
industrialmente a partir de frutas, hortalizas, hierbas, semillas
y otros componentes vegetales:
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gasificadas |
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jugos,
pulpas y jugos concentrados |
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Infusiones,
extractos, percolaciones y maceraciones |
Muchos
padres le ofrecen a sus hijos este tipo de bebidas entendiendo que
son útiles y beneficiosas para la salud porque contienen algunas
vitaminas, minerales, azúcares o simplemente porque los
reconforta observar el entusiasmo que manifiestan al
tomarlas
¿Cuáles
son los inconvenientes de ofrecer siempre estas bebidas ante la
sed?
El
consumo en exceso de bebidas de elaboración industrial, más de
350 ml por día (tres vasos); a veces se convierte en una fuente
de trastornos para la salud de los niños ya que, en relación con
los distintos ingredientes que contienen, pueden ocasionar:
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Mayor
riesgo de sufrir caries y erosión dental |
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Trastornos
nutricionales como la obesidad o el bajo peso |
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Alteración
en el crecimiento de la talla (menor estatura a la determinada
por su potencial genético) |
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Diarrea |
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Dolores
abdominales |
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Gastritis |
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Trastornos
en la absorción de calcio |
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Disminución
del calcio en la sangre, llegando en algunos casos extremos en
lactantes a convulsiones |
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Irritabilidad
y trastornos de la conducta e insomnio |
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Urticarias
y otras alergias |
También
el consumo en exceso puede perturbar hábitos saludables
ocasionando:
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Rechazo
o disminución de la necesaria ingesta de leche (al
reemplazarla por estas bebidas) |
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Desórdenes
en el apetito a la hora de comer (las calorías que contienen
interfieren en el natural ciclo hambre -comida
-saciedad) |
Las
bebidas de elaboración industrial suelen contener una variedad de
aditivos (colorantes, acidulantes, edulcorantes, reguladores y
neutralizantes de la acidez, aromatizantes, conservantes,
espesantes, antioxidantes, estabilizantes, etc.) que, si bien están
permitidos, no se recomienda su ingesta en los niños pequeños.
Para
reflexionar y empezar a cambiar dulce por sano
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Si
un niño sano rechaza tomar agua pura, simplemente es porque
no tiene sed |
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Cuando
un niño tiene sed (y no solo ganas de tomar "algo")
acepta el agua pura. Aunque los niños habituados a las
bebidas azucaradas en un comienzo no sea de buen agrado, si se
puede instalar el hábito de beber agua fresca |
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Los
niños dicen que tomar agua no les gusta cuando tienen la opción
de tomar otras bebidas dulces de elaboración industrial |
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Los
niños conocen estas bebidas y las piden desde muy pequeños
porque los adultos se las ofrecen o los inducen a tomarlas.
También por imitación de su entorno familiar o por presión
publicitaria y social |
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Estas
bebidas suelen ser ricas en energía pero pobres en otros
nutrientes esenciales |
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Los
azúcares que contienen se consideran calorías vacías y
desplazan la ingesta de alimentos con nutrientes de mejor
calidad e imprescindibles para su crecimiento y desarrollo
madurativo |
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Las
bebidas dietéticas suelen tener azúcares en cantidades
reducidas y mantienen el hábito de consumo de bebidas
industriales |
Los niños, sobre todo los más pequeños, tienen una predilección
especial por las bebidas dulces pero ignoran los riesgos de su
consumo excesivo. Los padres, los adultos e instituciones
responsables que los cuidan deben estar informados sobre estos
potenciales trastornos y regular su ingesta a no más de 120 ml
por día (un vaso); siendo desaconsejable ofrecerlas a lactantes y
menores de 1 año.
Lo
más importante a la hora de beber
1.
Ofrecer pecho exclusivo los primeros 6 meses de vida
2.
Con el inicio de las papillas, a partir del 6º mes y sin
abandonar el pecho, ofrecerle agua pura en un vaso o con
cucharita
3.
Reforzar y sostener el hábito de beber agua para la sed
en los primeros años de vida
4.
Si se le ofrece jugo de frutas u hortalizas es conveniente
exprimirlo en casa, con un cuidadoso lavado previo. Mejor aún es
ofrecerle la fruta entera mas o menos cortada o triturada según
edad
Poner
en práctica estas recomendaciones favorecerá la adquisición de
buenos hábitos alimentarios y de bebida con beneficios en la
salud y en la economía familiar.
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